La Rosa te pincha.
Las Alas te levantan.
Pero la Flecha…
la Flecha te atraviesa.
Y no avisa.
No hace ruido.
No pide permiso.
Solo entra.
Ahí, justo donde no sabías que eras vulnerable.
La Flecha es ese momento exacto —exactísimo— en el que te
das cuenta de que te importa.
No de que te atrae.
No de que te hace ilusión.
No de que tiene “algo”.
No.
Te importa.
Y eso lo cambia todo.
Nadie teme a La Rosa.
Casi nadie teme a Las Alas.
Pero cuando llega la Flecha…
cuando notas ese golpe seco en el pecho…
ahí empiezas a tener miedo de verdad.
La Flecha llega siempre por una tontería:
una frase que no esperabas,
una ternura que no viste venir,
un silencio cómodo,
una mirada que te desmonta la armadura.
No es grandioso.
No es épico.
Es sutil.
Y por eso funciona.
Porque la Flecha no entra para hacer daño.
Entra para abrirte.
Y cuando te abre, descubres lo peor:
Que estabas más hueco de lo que creías.
Que todo ese “yo estoy bien solo”,
“no necesito a nadie”,
“a mí no me pillan otra vez”…
era una lona mal puesta tapando un agujero del tamaño de un piano.
La Flecha te revela.
Te expone.
Te deja en evidencia contigo mismo.
Y por un instante —uno solo— crees que es maravilloso.
Porque piensas que quizás esto sí,
que quizás esta persona puede quedarse,
que quizá has tenido suerte por primera vez en mucho tiempo.
Pero ahí es donde la Flecha es más peligrosa:
no porque duela…
sino porque te hace creer.
Creer que la historia tiene sentido.
Creer que las coincidencias son señales.
Creer que la otra persona siente lo mismo.
Creer, sobre todo, que esta vez no acabarás sangrando.
La Flecha no busca matarte.
Busca despertarte.
Recordarte que aún puedes sentir.
Recordarte que aún eres vulnerable.
Recordarte que lo que rompiste en el pasado sigue sin arreglar.
Y lo peor no es cuando entra.
Lo peor es cuando intentas sacarla.
Porque no sale.
No del todo.
Y tú tampoco vuelves a ser el mismo.
La Rosa te engaña.
Las Alas te elevan.
Pero la Flecha…
la Flecha te marca.
Te deja un antes y un después.
Y aunque intentes negarlo,
aunque te hagas el fuerte,
aunque jures que no,
cuando la Flecha ha entrado…
ya estás dentro de la historia.
Te guste o no.
Capítulo 4: La Locura
(donde todo empieza a desbordarse).

No hay comentarios:
Publicar un comentario