Vistas de página en total

SUSCRIBETE A LOS AUDIOCAFES EN YOUTUBE

☕ Suscríbete a nuestros Audiocafés

¿Hoy no te da tiempo a leer? Aquí tienes todos los textos narrados. No te pierdas ninguna publicación. Un solo clic y ya formas parte de nuestra comunidad en YouTube. Y ES GRATIS!!!

🔔 Suscribirme en YouTube

sábado, 3 de enero de 2026

#26. CAFE VINTAGE - SEXO MENTIRAS Y CAFE CALIENTE (8 de 8)

 


“Lo que yo te diga” — o cómo mandar a paseo a un sexólogo sin despeinarse

Llegados a este punto —capítulo ocho, café en mano, y ya con medio público excitado o indignado— es momento de reconocer una cosa:

Estoy cansado del señor Kusnetzoff.
Mucho.

No porque sea mal sexólogo —que no lo es—, sino porque su decálogo parece más un intento de rellenar diez puntos que un análisis serio de la sexualidad humana.
Y eso, cariño, cansa.
Cansa como una cita en Tinder que promete y luego no hay química ni para un abrazo.

Así que sí, quedan dos capítulos más en su lista:
“HAY VAGINAS MUY CORTAS” y “LAS MUJERES FUERON CREADAS PARA REPRODUCIR”.
Ya solo los títulos me dan acidez.



En el primero habla de vaginismo, contracciones, espasmos…
Todo cierto, todo clínico, todo explicado como si la sexualidad fuese un manual de fontanería.

En el segundo, que si reproducción, que si hormonas, que si la progesterona…
Que sí, doctor.
Que ya lo sabemos.
Pero entre tú y yo:
explicar el deseo femenino hablando de estrógenos es como explicar el vino hablando del corcho.


Así que aquí empieza la parte que sí importa.

La que no viene del decálogo de nadie.
La que no pretende ser científica ni pedagógica.
La parte humana.
La parte gamberra.
La parte honesta.

Aquí empieza lo que yo te diga.

Cansados de gurús, iluminados y sexólogos de plantilla

Vivimos en una época en la que cualquiera escribe sobre sexo:
sexólogos, psicólogos, influencers, coach espiritual, tarotistas sexuales…
y hasta gente que no ha visto un buen orgasmo ni de lejos.

Y todos repiten lo mismo con palabras distintas.
Todos ponen voz grave.
Todos te hablan de “energía sexual”, de “autoconocimiento”, de “flujo emocional”.

Y mira, cariño…
a veces lo único que hace falta es un cuerpo, ganas, honestidad y un poco de humor.
Y eso es todo.

Porque sí, yo también escribo en la red.
Pero no para dar lecciones.
No soy sacerdote de alcoba.
No soy maestro tantra.
Y no voy a decirte que tus problemas sexuales se solucionan respirando como un búfalo.

Yo escribo lo que escribiría en una terraza con una cerveza.
Lo que diría caminando por el paseo marítimo.
Lo que me permitiría decirte mirándote a los ojos, sin filtres i sense vergonya.

Cerrar los 40 hablando de sexo: tradición personal

Hace años, cuando escribí el texto original, tenía 40.
Hoy lo reviso con unos cuantos más —y mucha más vida encima— y te diré algo:

hablar de sexo sigue siendo obligatorio.
No por morbo.
No por estadística.
Sino porque es el tema más humano y menos entendido de todos.

El sexo no se acaba nunca.
No caduca.
No pierde interés.
Solo evoluciona.

Pero igual que entonces, también hoy decido que no quiero arrastrar el tema más allá de este capítulo.

El sexo da para mucho, sí…
pero yo ya he dicho lo que quería decir.
Con gamberrismo, con ironía y con café caliente.

Lo que vendrá después

Me propusieron que hablara de la ablación de clítoris.
Un tema serio, doloroso, terrible…
y que, si algún día lo escribo, será con el respeto y la crudeza que merece.

No es ahora, ni aquí.
No en este tono.
No en esta serie.

Porque esta serie era de otra cosa:
de desmontar mitos, de reírnos, de mirarnos sin culpa y sin miedo.
Era sexo para humanos reales.
No para forenses.

Después de Navidades volveré con otros temas.
Temas de los míos.
De los que me hacen pensar, sudar, dudar o reír.
De los que me apetece escribir, no de los que “toca”.

Temas que te hagan hacer una pausa, alzar una ceja, o sonreir con aquella  cara de “mira a este cabronazo”.

Y para cerrar la saga…

A todos los que habéis seguido esta serie, os deseo esto:

– una buena salida de año,
– una mejor entrada,
– y que, mientras existan cuerpos, ganas y curiosidad,
que no os falte nunca el deseo.

Porque al final, de todo lo que he dicho en estos ocho capítulos,
si tuviera que quedarme solo con una frase, sería esta:

El sexo no se aprende.
El sexo se vive.

Y yo volveré.
Després de les festes, claro.
Que hasta los gamberros necesitamos vacaciones.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario