Vistas de página en total

SUSCRIBETE A LOS AUDIOCAFES EN YOUTUBE

☕ Suscríbete a nuestros Audiocafés

¿Hoy no te da tiempo a leer? Aquí tienes todos los textos narrados. No te pierdas ninguna publicación. Un solo clic y ya formas parte de nuestra comunidad en YouTube. Y ES GRATIS!!!

🔔 Suscribirme en YouTube

miércoles, 29 de abril de 2026

#60. CARTA A MI YO DE 18 AÑOS

Querido yo,

Supongo que estas letras te sorprenderán tanto como a mi, no siempre uno tiene la opción de hablarse a sí mismo y menos cuando uno de los dos viene con parte del viaje aprendido.

Hace muchos años ya, lo que hoy debe ser tu presente, que caes una y otra vez en las mismas trampas. Esas que tú mismo te pones con todo el ímpetu y con tan poco criterio.


No deseo convertir esto en una reprimenda, tan solo en una charla en la que podamos cruzar las miradas y que a continuación siga cada uno con su camino. a fin de cuentas somos obstinados, nos conocemos bien, pero también sé que involucrarme o interceder en tus actos sería prácticamente mi suicidio, tan solo soy el producto de lo que has venido siendo.

Podría hablarte de aquella mujer, de aquella casa, aquel trabajo o de aquel viaje que aún no has hecho, pero ¿de qué serviría? ¿Cómo decirte no vayas por ahí? o ¿no frecuentes tal lugar?, no te imaginas cuánto aprendí de todo eso que has lamentado y de lo que te puede quedar por llorar y reír.

Esta carta es tan solo un ápice de esperanza, un consejo que te dé tranquilidad para saber que al final salimos adelante, que finalmente aprendemos de lo mejor y de lo peor y que seguimos en pie, tras los años y pese a los daños.

Me despido de ti, y por ende, de mí mismo y espero tener la oportunidad de poder escribir a nuestro yo de dentro de veinte años, sí aún anda por ahí....







sábado, 25 de abril de 2026

#59. NADA ES LO QUE PARECE

 

Desde los años cincuenta del siglo pasado, nos han acostumbrado, principalmente desde Hollywood, a que los buenos siempre triunfaban, que los malos eran rusos o vietnamitas, aunque últimamente esto cambió un poco, hacia personajes con turbante.

Y que cualquiera de los grandes héroes americanos, podía plantarse en medio de un arrozal, ametralladora en mano, y fulminar a una división entera de un ejército con la misma cara con la que lees un periódico por la mañana.

Hemos visto las pantallas llenas de hackers, villanos y personajes con alto coeficiente intelectual pero con un acento que arrastraba las erres para que quedara claro que tenía más tendencia al vodka que al sirope de arce.

Y durante décadas nos lo hemos creído. Nos lo han servido tan bien, que acabamos confundiendo el guion con la realidad.

Pero estos días, pese a lo que intente decirnos el discurso oficial, estamos viendo, aunque algunos ya lo sabíamos, que no es así.

Que los barcos tienen que retirarse por incendios en lavanderías, o que se entra en un país ajeno para buscar al soldado Ryan, aunque lo cierto es que a los grandes portaaviones se los están cargando los drones o las incursiones son para ir a por uranio.



Porque cuando miras fuera del cine, empiezas a ver que nada encaja como te dijeron.

Muchos han creído durante los últimos cuatro años que estábamos amenazados, que había alguien malvado en el este de Europa con intención de arrasar y colonizar a todo el continente y nos han repetido hasta la saciedad que iban a llegar a Lisboa en cuestión de días.

Y no, no ha sido así.

Otra vez lo mismo: una historia bien contada, repetida hasta que deja de cuestionarse.

El tiempo, que es el más justo e implacable de los jueces, insiste y persiste en dejarnos claro que todo eso que nos cuentan, no es cierto.

Que solo es ruido, propaganda de guerra, y esa tendencia que últimamente se ha impuesto a que tengamos siempre una amenaza encima.

Porque el problema no es la amenaza. El problema es necesitarla.

Ya sea por un conflicto bélico, por un supuesto virus o porque nos va a caer un pedrusco encima proveniente de vete tú a saber de qué galaxia.

Porque no hay mejor forma de tener controlado al rebaño que mediante el miedo.

El miedo paraliza, el miedo silencia y el miedo te da el control sobre todo lo que te rodea.

Así criamos a nuestros hijos, o deberíamos hacerlo, con la amenaza constante de decirles que si sigues haciendo eso, te va a pasar lo otro. Y funciona.

Y del mismo modo pasa con la población en general.

Si durante años te has encargado de que los núcleos familiares vayan desapareciendo, en favor de una sociedad formada por individuos solitarios, sí ya no hay un objetivo vital como es reproducirse y formar una familia, si todo tu entorno está enfocado en alimentar tu ego de forma inmediata, es mucho más sencillo poder inculcar ese miedo y controlarte.

Y así, poco a poco, dejamos de cuestionar el decorado y empezamos a vivir dentro de él.

Hemos permitido que la sociedad se idiotice, que tenga acceso a la educación sin aprender absolutamente nada, que hombres se enfrenten a mujeres, y que tanto unos como otros pierdan su identidad en favor de nuevos “géneros” que en la mayor parte de los casos, no lo son.

Y así no necesitamos pensar, preguntarnos el por qué de las cosas, simplemente gastamos tiempo de vida, por no decir vivimos, y pasamos nuestros años buscando endorfina barata, con un like, con una relación sentimental que no es y que antes llamábamos “rollo”, con la simplificación de quien somos y reduciéndolo a un mero hecho visual y estético.

Porque al final no se trata de quién eres, sino de lo que aparentas ser.

Nos hemos creído que necesitamos viajar, y que nuestro sino en esta vida es la de ir lo más lejos posible, para encerrarnos en un resort con pulserita de todo incluido. Porque fuera es peligroso, porque te enseñaré cuatro pirámides pero no saques las manos por la ventana. Y así volvemos a casa creyendo que hemos visto algo y casi hemos rozado el nirvana.

Pero no hemos visto nada. Solo otra versión empaquetada de lo mismo.

Porque se trata de ir y de hacer fotos, como prueba irrefutable de nuestra inquietud viajera, cuando en realidad somos capaces de pisar un templo de 5.000 años sin apenas saber a qué divinidad iba dedicado.

Porque aceptamos pagar por una bolsa de plástico en el supermercado cuando cada artículo lleva tanto film transparente y tanto porexpan como para momificarnos, eso sí, sigo teniendo dieciséis bolsas de basura para cada cosa, porque reciclar es lo que me han dicho que me hace buen ciudadano.

Cumplimos el gesto, pero no entendemos el fondo. Y con eso basta.

Porque todo es fugaz, porque nada es lo que parece, porque todo es de usar y tirar.

Pero no nos hemos planteado que quizás nosotros también lo seamos.

Al fin y al cabo, somos un producto para los grandes magnates que dominan este planeta. Algo a lo que se le puede sacar provecho, pero que un día puede llegar a ser un individuo molesto y prescindible.

Asi que, aunque nos guste más o menos, somos parte de este engranaje que hace girar al mundo, una pieza más, algo sustituible y que permite ser reemplazado.

Todos usamos estas supuestas I.A., que en realidad tienen más de Artificiales que de Inteligencias. Pero ya no recordamos una dirección con facilidad, ni un número de teléfono aunque sea de tu familiar más cercanos.

¿Para qué?

Porque pensar cansa, y ya hay quien lo hace por nosotros. Ya tengo a alguien que me lo dicta.

Pero no recordamos ni tenemos en mente que nuestra cabeza, necesita memorizar, necesita esforzarse para crecer. Porque vivimos en tiempo en que lo único que parece ser entrenado y cuidado es un bíceps, y para ello, publicamos todo tipo de fotos y pruebas en el gimnasio, aunque echemos de menos una con un libro en las manos.

Ahora que viene Sant Jordi, ese día en que por una vez durante el año, el libro toma el protagonismo y se adueña de las calles, no estaría de más pensar en ello.

En que incluso eso, el hecho de comprar un libro, ya no es porque se quiera fomentar la lectura en tu pareja, familiares o amigos, sino por el ritual de seguir con esa festividad, porque toca hacerlo y porque aquí, donde vivo, es por excelencia el día de los enamorados y nadie tiene narices a saltarse ese ritual, a riesgo de pasar las próximas noches durmiendo en el sofá, en el mejor de los casos.

Seguimos el ritual. Aunque ya no sepamos por qué.

 

Porque nada es lo que parece.

miércoles, 22 de abril de 2026

#58. CAMBIO DE CICLO




Hoy no os traigo ningún texto.

Hoy quiero haceros un anuncio.

Como sabéis, durante estos meses hemos ido alternando textos nuevos con otros más antiguos, que provenían de aquel viejo blog que tuve hace diez, doce o quince años… ya no lo recuerdo con exactitud.

Ha sido una forma de darles una segunda vida.
De volver a mirarlos con otra perspectiva.
Y también, por qué no decirlo, de darme un poco de margen para seguir escribiendo sin prisas.

Pero todo tiene un recorrido.

Y ese bloque, hoy, se cierra.

Nos los hemos acabado.

A excepción de uno del que ya os he hablado en alguna ocasión, un texto que hoy ronda las ochenta páginas y que aún no tengo claro si reescribir o dejar tal y como fue concebido en su momento.

Sea como sea, ahora mismo nos encontramos con una pequeña descompensación.

El canal de YouTube nació más tarde que este blog, y eso hace que tengamos todavía una buena colección de textos, desde el 15 de julio de 2025 hasta el día que estrenamos el canal de youtube, y que han quedado sin voz.

Textos que ya están escritos…
pero que aún no han sido contados.

Y eso, para mí, se queda a medias.

A partir de ahora, cada miércoles iremos rescatando esos textos en el canal de YouTube, dándoles voz y cerrando ese círculo que quedó abierto.

Aquí, en el blog, el ritmo cambia.

A partir de este momento, publicaré únicamente textos nuevos cada sábado.

Sin prisa.
Sin necesidad de rellenar.
Con la intención de que cada texto tenga su espacio.

Siempre, claro está, salvo que alguna circunstancia me lleve a colar algo más por el camino, ya sea la actualidad, que no es poco, o alguna sugerencia vuestra.

Así que os invito a que recuperéis esos textos también en YouTube.
Que los escuchéis.
Que volváis a ellos desde otro lugar.

Y veréis, además, cómo poco a poco la numeración se irá ajustando hasta que ambas plataformas queden alineadas.

No es un paso atrás.

Es, simplemente, otra forma de avanzar.

Nada más.

Como siempre, me despido de vosotras con un enorme abrazo.

Gracias.

 


sábado, 18 de abril de 2026

#57. DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS

INTRODUCCION:

Antes de empezar con el texto de hoy, hay algo que quiero comentaros.

Durante estos meses, hemos ido alternando textos nuevos con otros que formaban parte de un blog anterior, de hace ya quince años. Ha sido una forma de darles una segunda vida, de volver a mirarlos con la calma que da el tiempo y, por qué no decirlo, también de darme un poco de margen para seguir escribiendo sin prisas.

Pero ese bloque de textos ya se ha cerrado. A excepción de uno, larguísimo, que aún estoy valorando si reescribo o no. El resto, en estos seis últimos meses, los hemos terminado.

A partir de ahora, Tinta y Café seguirá su camino con un pequeño cambio de ritmo: los textos serán todos nuevos y se publicarán únicamente los sábados.

No es un paso atrás, ni mucho menos. Es, si acaso, una forma de dar más espacio a lo que viene, de escribir con más intención y menos inercia.

El canal de YouTube, en cambio, seguirá con la misma cadencia, dando voz a aquellos primeros textos que dieron forma a este blog y que aún no la tienen. Porque, aunque hayan pasado unos meses, siguen diciendo lo mismo. O quizás, ahora, incluso un poco más.

Así que nos seguimos leyendo… y escuchando.

¡Arrancamos!



DE AQUELLOS POLVOS, ESTOS LODOS

Durante estos meses, hemos venido publicando textos nuevos, que se alternaban con los que ya había escrito hace, diez, doce, quince años atrás.

He retocado y actualizado textos que creía que podían encajar con la vida que tenemos hoy, tratando de no alterar la esencia de lo que quise decir en ese momento.

Aunque debo confesar, que no he cambiado demasiado en mi forma de pensar de cuando tenía cuarenta añitos, a ahora, que ya voy en caída libre hacia los cincuenta y cinco.

Quizás ahora huyo un poco de aquellas frases rebuscadas y extensas que tanto me gustaban años atrás y opto más por frases más sintéticas, mientras mantengan la misma carga emocional y la misma idea a transmitir.

Pero esos textos se van acabando.



Aún queda un estudio que hice, muy extenso, muy cargado de datos, fechas y contenidos, que estoy valorando si “remasterizar” o no. Habla sobre la filosofía del Tantra Shastra.

Y antes de que alcéis un grito al cielo, ya os digo que va mucho más allá que aquello tan mal entendido de tener sexo sin tocarse o de correrse para adentro. Ahí hay gran parte de leyenda urbana y esas son prácticas que están reservadas para muy pocos, casi únicamente para monjes tibetanos, quien precisamente no es que practiquen sexo con demasiada frecuencia.

Pero ese de momento, lo iré trabajando y veré qué tal queda finalmente. No os quiero avanzar más.

El hecho es que, ahora se abre todo un espacio libre de reinterpretaciones de textos. Y aunque no sufro por la falta de ideas, que las tengo. Y aunque os invite a que me propongáis temas de los que hablar, algo que siempre os agradeceré, uno de los temas que he estado evitando pero que recurrentemente me asalta la pensamiento, es la situación en que estamos viviendo.

Tenemos el mundo revuelto, hay convulsión mires por donde mires, y ante todo, hay un gran desconocimiento sobre qué está pasando a nuestro alrededor. Desinformación sí, y censura explícita también.

Quienes me conocéis, sabéis sobradamente que no me quedo con una sola fuente de información y que rara vez abrazo el discurso oficial que puede uno encontrar en las noticias de televisión o prensa escrita.

Busco, rebusco, miro, pregunto, investigo y analizo. Y de ahí, saco mi conclusión, con todo lo aprendido y atando cabos, que creedme si os digo que no hay ni uno suelto.

Y guste más o menos, uno va viendo como se va avanzando hacia un punto de no retorno, hacia una situación que cada vez gusta menos y que asusta más.

La censura y el control del relato, y de la sociedad en general, cada vez gana más peso y es más restrictiva.

Sin ir más lejos, esta semana, uno de los canales de análisis geopolítica de los muchos que sigo ha sido censurado, sin más.

Youtube les ha prohibido y denegado la posibilidad de emitir en directo. Cuidado, un canal con casi un millón de suscriptores y unas audiencias medias de un cuarto de millón de personas en cada emisión. Según la plataforma por portar y exhibir armas en una emisión en directo. Algo que ya os garantizo que es totalmente falso y que en todo caso, pueden haberse visto en algún video con los que documentan sus explicaciones.

Lo que está claro, es que ha sido una excusa como cualquier otra para limitar el alcance de sus emisiones.  

Todos sabemos que hay campañas institucionales contra las “fake news” y contra eso que llaman desinformación, y que la mayoría de la gente se nutre, a nivel informativo, de tertulianos que hoy son expertos en asuntos de guerra y geopolítica y hace cuatro días hablaban como virólogos y expertos en propagación de pandemias. Los mismos.

Pero la información falsa y maliciosa viene de quien documenta sus explicaciones en un canal de youtube.

La cuestión es, por no desviarme demasiado, que a riesgo de sufrir la misma suerte y que acaben acusándome por terrorismo (algo que la legislación actual prevé), me viene a la cabeza hablaros de como está el mundo y por qué hemos llegado donde estamos, de por qué es son falsas algunas cosas que nos dicen y ciertas otras que se silencian.

Os lo pregunto abiertamente, porque no pretendo aburriros, y porque  los temas más intimistas, como los que hemos hablado hasta ahora, son atemporales y siempre podemos recuperarlos, de hecho estoy seguro de que se alternarán siempre con los demás.

Pero antes de soltaros discursos que a mí personalmente pueden satisfacerme al explicároslos, creo necesario saber si os puede causar la misma satisfacción leerlos o escucharlos.

Por lo que esperaré vuestros comentarios, o vuestros mensajes privados antes de contaros quienes son los buenos y los malos, eso sí, sin lenguajes técnicos, sin retorcer nada, contado por mí, para que sea entendedero para todos.

Así que ahí os arrojo mi guante.

 

miércoles, 15 de abril de 2026

#56. HASTA AQUI

 

Hoy quiero hablaros sobre un fenómeno que va en aumento.

No pretendo meter los dedos en ninguna llaga, pero como de costumbre, quien sienta que lo estoy haciendo y adopta el papel de “ofendidito”, allá él o ella. Sus motivos tendrá para que le toque tan adentro como para sentirse aludido.

Y es que cada día que pasa, encuentro más y más hombres que se plantan y dicen basta.

Tras años de empoderamiento femenino desaforado, en que el “yo lo valgo” se ha impuesto como norma y el convencimiento que el hecho de ser mujer, otorga una verdad y razonamiento más profundo por defecto, los hombres (y aquí debo puntualizar que hablaré en general, aun sabiendo que no nos engloba a todos), hemos sido espectadores de esa transformación femenina.

No hace demasiado, por descuido me vi en la tesitura de tener que cruzar a pie la Gran Vía barcelonesa, sin percatarme que ese día era un 8 de marzo.


No puedo decir que sintiera miedo, ni mucho menos, tampoco se veía a nadie violento en la manifestación que estaba cruzando de un lado a otro, pero sí me sentí desubicado por completo.

No había ni una sola pancarta ni grito reivindicativo que estuviera enfocado en pro de ninguna causa. Prácticamente no se pedía nada en favor del género femenino. Todo eran pancartas y proclamas en contra de “ese patriarcado”, en contra de todo aquello por lo que se sentían oprimidas y vilipendiadas. A todo lo que pudiera oler a hombre.

¿Dónde quedan las reivindicaciones laborales? Porque aquello que crucé en la Gran Vía, era algo más parecido a un desfile del día del orgullo gay, pero eso sí, teñido de violeta.

Hoy en día, los puestos de trabajo ya están regulados por esas nefastas cuotas, en las que se incorporan hombres y mujeres por porcentajes de individuos de cada género, no por sus méritos. Y sí, es cierto que, en la empresa privada, el mérito continúa teniendo su peso, pero es que faltaría más.

Yo no soy feminista. Me he negado siempre a denominarme así. Del mismo modo que no me considero “machirulo” ni “macho alfa” ni me cuelgo ninguna etiqueta de nada.

No lo soy, porque veo a la mujer como una igual a mí. Porque creo en los méritos y porque mi granito de arena siempre ha sido que hombres y mujeres a los que he contratado, cobren lo mismo y tengan las mejores condiciones posibles independientemente de su género.

Y cuando he entrevistado a alguien para ocupar un puesto, sí, he preguntado si estas casado/a, si tienes hijos y de qué edades, aunque cualquier técnico de recursos humanos se rasgue las vestiduras al saberlo.

Pero no porque me interese tu situación sentimental ni tu proyecto de vida, sino porque me interesa saber qué grado de responsabilidades has tenido que adoptar durante tu existencia, y eso se lo pregunto tanto a hombres como a mujeres.

Pero para no desviarnos del tema del que os quería hablar hoy, todo eso, ha ido contribuyendo poco a poco a ese concepto mal entendido del empoderamiento que, junto a otros factores, como la destrucción del modelo de familia, o de nuestros valores como sociedad o a la percepción que las cosas no tienen por qué ser inmediatas, ni tengo que conseguir todo lo que deseo.

Y todo eso se traslada a las relaciones entre ambos sexos.

Hoy hay miedo al compromiso, miedo a expresar sentimientos, pavor al rechazo, intolerancia a cualquier idea que difiera mínimamente de las nuestras. Y así nos va.

Las relaciones se convierten en un objetivo y en un salvavidas por considerar la soltería como un fracaso.

La gente quiere tener pareja (e insisto, hablo en general), pero la queremos como un traje a medida y para los ratos que convenga, para no alterar ni un ápice nuestras vidas, y de esa forma, tener con quien gozar de los buenos momentos sin ninguna de las posibles desventajas o responsabilidades. Muy maduro todo.

Tiene que ser, así, de esta manera, con estas características y tal y como la he pensado yo en mis tardes de domingo mientras miro Netflix.

Y claro, eso después es muy difícil que encaje con ningún humano real.

Hay que practicar los mismos deportes, las mismas aficiones, tener gustos similares, ideas banales y trascendentales parecidas y además, ciertos requisitos indispensables. Una vida ordenada y sin sobresaltos, una economía saneada y la capacidad de viajar y salir tanto como se quiera, más que como se pueda, para que el otro, o la otra, no caiga en el aburrimiento.

Porque nos aburrimos, sí.

Pero nos aburrimos porque no hay una base bien creada, porque lo que te une a ese alguien no es más que lo que nos proporcionan esas cenas y viajes. Es lo mismo que decir que te gustan mucho los niños cuando solo tratas con tus sobrinos, pero cuando el niño se ha cagado encima, se lo pasas a su madre.

Y todo eso es muy fácil de explicar a las amigas o a los conocidos, y nos hincha el pecho poder llegar a la oficina el lunes y decir he estado ahí, o he hecho esto. Y mucho más si donde has estado está más lejos que donde fue la compañera. Pero viajamos y cenamos sin ese compromiso, sin ese mostrar sentimientos y con todos esos miedos y sabiendo que a la vuelta, quien nos acompaña se irá a su casa y yo vuelvo con mi gato y mi serie.

Cuando me he encontrado a alguien que me decía, “quiero una relación estable, y las demás opciones no me valen”, siempre respondía lo mismo. ¿Con quién?

Porque nos centramos en lo que quiero, no en el cómo lo quiero. ¿Crees de verdad que sin antes conocer al susodicho/a vas a poder tener una relación en condiciones? Habrá que empezar la casa por los cimientos, no por el tejado.

Porque entonces, abrimos el siguiente melón.

Me parece bien que tus preferencias sean que le guste hacer rutas por la montaña, o que tengas interés por coleccionar sellos, pero en primer lugar, ¿de qué vais a hablar si lo hacéis todo juntos? No te voy a contar una anécdota donde tu ya estabas ahí.

Y en segundo lugar, ¿estás segura que lo que deseas es alguien que se parece a un clon tuyo? ¿Alguien que hace, piensa y prefiere lo mismo que tú? ¿O lo que estás pretendiendo es que al tener a “un clon”, evitarás discusiones y discrepancias?

Porque ese es otro de los grandes temores, discutir con alguien.

Sea como sea, la lista de requisitos y “supuestos valores” cada día es más extensa y más difícil de cumplir y los hombres, ha llegado un punto en que hemos empezado a sentirnos bajo una enorme lupa.

Debemos ser atentos, pero no le abras la puerta que es un micromachismo.

No la dejes andar por el lado más próximo a la pared en una acera, porque ella está empoderada y no necesita protección ante un posible golpe o un tirón de bolso.

No le ofrezcas ayuda para montar un mueble, porque ella prefiere que le quede torcido, pero a sabiendas que es capaz de usar un destornillador.

Debemos haber superado todas nuestras heridas del pasado y servirle de apoyo, pero solo cuando ella lo necesite y así lo demande.

Y ante todo eso, y ante tanto requisito, muchos hemos dicho: Esta bien, pero ¿y ella? ¿Qué me está ofreciendo ella?

Porque cuando es el hombre quien tiene problemas, debemos tener al cavernícola que llevamos dentro a punto, para aparecer y sacar pecho ante todo y así mostrar una fortaleza, una estabilidad y capacidad de aguante como para que ella no se sienta insegura ante nosotros.

Y todo eso nos aparta, nos distancia y nos aleja.

Ya no solo de ellas, sino de nosotros mismos, y acabamos por renunciar.

Por renunciar a conocer, por prescindir de compartir y a negarnos a querer y a sentir.

Y tengo claro que estaréis pensando, pues yo no, pues yo si le pasa algo le ayudo, pues yo es que no pido tanto, yo con que sea un chico normal me vale.

Lo sé, no os meto a todas en el mismo saco, Dios me libre. Y es que no estoy hablando concretamente de ti, ni de nadie en concreto.

Hablo de generalidades, de conductas y tendencias mayoritarias y ésta lo es.

Hablo de que la mitad de la población mundial está cada vez más de espaldas a la otra mitad.

Cada vez somos más y más los que renunciamos a mantener una relación sentimental con nadie. Los que no solo hemos tirado la toalla, sino que la hemos quemado o vendido en Wallapop.

Y nos aseguramos mucho, en el caso que con alguien pueda haber algo, que está y estará todo claro desde el principio.

Hasta que llegas a renunciar incluso a echar un polvo esporádico, con perdón. A no ser que tengas muy claro que eso no te va a complicar la vida, o al contrario, veas que te puedes llegar a “complicar” mucho con ese alguien.

Y si un hombre no es un cafre, a quien realmente se le pueda distinguir porque le domina la entrepierna, estamos acostumbrados a que nos digan que no, y que eso no nos afecte demasiado, por tanto, nos resulta fácil, al menos a mí, a decirlo.

Y quedarnos tan anchos por renunciar a la posibilidad de un encuentro, por fugaz que pueda ser, si sabemos que mañana, nos puede costar una sola lágrima por no cumplir unas expectativas que, en muchos casos, se han desbordado.

No pretendo con todo esto buscar culpables.

Siempre he creído que saber quién tiene la culpa de algo, no me soluciona el problema, pero sí dejar sobre la mesa esto que está pasando y va en aumento. Que muchos hombres han renunciado a lo más básico, y han dicho HASTA AQUÍ, como una decisión auténtica, nunca como la retirada tras una derrota.

sábado, 11 de abril de 2026

#55. EL GEN DOMINANTE

 

Estos días, gracias o por culpa de tener de nuevo redes, he estado viendo los resúmenes de algunas apariciones en televisión de personajes variopintos que la verdad, me cuesta calificar.

Extractos de un programa de citas a ciegas, donde supuestamente se comparte una cena mientras se van contando las bondades de uno y de otro.

Gente que, haciendo un esfuerzo e incluyéndolos en la misma especie que tú o que yo, buscan su minuto de gloria televisiva, aunque ciertamente tengo que intuir que la única gloria de ese programa estará en los créditos finales.

Y es que, el problema de fondo, como siempre, no es que alguien no sepa expresarse correctamente, las lenguas están vivas y deben ir cambiando según el uso.

O que alguien no domine la geografía, puede ser un tema poco atractivo para muchos. Pero hablamos de mínimos.

No creo que sea normal que alguien diga vivir en “zabadé” (Sabadell, en Barcelona) aunque sea de Toledo y que su compañero de mesa, no sepa ubicar en el mapa ni una ni la otra.




O que un gerundense pase los primeros minutos de su cita, intentando explicar dónde está su provincia a una muchacha de Castellón, a poco más de 300 km en línea recta hacia el sur.

Y sorprendido, alegaba que, aunque sea por el fútbol, ella debía conocer dónde él vivía, aunque lo mejor es que él tampoco sabía dónde poner el dedo sobre el mapa para situar la provincia de su compañera.

Otro de los videos que me llegaron, preguntaban a varios adolescentes catalanes, cuál era el nombre de su presidente autonómico. Algo que por poco que le guste a uno la política, tiene más o menos que sonar, aunque sea solo por la cantidad de minutos televisivos que puede acaparar ese hombre.

Pues no, las respuestas giraban hacia Pedro Sánchez. Y cuando el entrevistador les echaba un capote diciéndoles que su nombre de pila era Salvador, respondían Dalí, con la cara ilusionada de saber que ahora sí, habían acertado.

Y como éstas, un sinfín de anécdotas que van llegando en formato de video corto, que provocan sonrisas y se comparten alegremente con ánimo de sorna y diversión.

Pero, aunque trato de no parecer el agua-fiestas y aislarme de esas risotadas, a mí personalmente, me parece un hecho más que grave.

Ya no por el hecho que alguien no sepa situar “zabadé” en el mapa. Lo cierto es que es una ciudad que conozco bien y carece de cualquier tipo de encanto más allá de estar muy cerca de Barcelona.

Sino por la falta de apuro y recato a la hora de mostrar que, lo que se exhibe, es la más alta ausencia de actividad neuronal e interés por nada que no sea lo propio.

Hace unos años, no demasiados, veinte o treinta, a lo sumo, cuando alguien no sabía algo, trataba de no iniciar ningún tema de conversación al respecto.

Y si se veía inmerso en una charla que se escapaba de su conocimiento o de su capacidad de proceso de información, callaba y trataba de salir del mal momento con la mayor dignidad posible. Con su silencio.

Si no sabías, te callabas. Sin más.

Porque había un recato y un pudor por el hecho de no saber. Porque avergonzaba a propios y extraños la posibilidad de meter la pata, de quedar en evidencia.

En cambio, hoy todo eso se exhibe sin ningún tipo de complejo. Se encuentra como algo natural que quien tienes delante no sepa donde tiene el pie izquierdo ni el derecho.

No entraré a juzgar los motivos de por qué pueden existir, respirar, cohabitar, votar y hasta reproducirse dos engendros así. Porque pronto me daría cuenta de que no son dos, sino buena parte de los asistentes a esas cenas, que muchas veces me hacen dudar si son más o menos ciertas. Aunque finalmente crea que a un guionista le costaría mucho bajar el nivel con tal gravedad.

Y es que hay un gen, que quizás no se ha estudiado lo suficiente, que se está propagando como si de un virus se tratara. Que pasa de padres a hijos con extrema facilidad y que, por alguna razón, la Madre Naturaleza no está descartando.

Supongo que esta sociedad que hemos construido y que tanto deja que desear, colabora y mucho en esa propagación.

Ese narcisismo recalcitrante, ese “porque yo lo valgo” y ese egocentrismo que nos hace creer que es la galaxia la que rota y gravita a nuestro alrededor, seguramente son los que propician que uno pueda salir a la calle con toda impunidad, sin saber absolutamente nada de lo que pasa a tu alrededor y ni tan solo pararse a meditar sobre ello.

Mientras el profesorado se manifiesta por tener menos críos en las aulas y rascar unos cientos de euros más a fin de mes, siguen sin protestar por haber perdido toda autoridad frente a sus alumnos. No veo pancartas exigiendo que no se les cuestione cuando riñen a un menor. Y es que no les riñen.

Porque los mocosos se trauman, y porque detrás viene la madre o el padre pidiendo explicaciones de por qué, a su hijo, que poco le falta para alcanzar la divinidad, según sus progenitores, se le ha reprochado nada. Sin tener nunca en cuenta que el profesor, siempre ha sido la autoridad en una clase.

Y ese mismo motivo, que da patente de corso al mocoso y lo hace sentir inmune por saber que no recibirá castigo, es el que impulsa a sus padres a pedir explicaciones. Y ahí es donde se ve la transmisión genética.

Hay que diferenciar dos conceptos y dejarlos muy claros.

Para resumir y hacerlo fácil, el idiota es el corto de entendimiento que hace necedades y que normalmente actúa así con cierta intencionalidad.

El imbécil en cambio, actúa con tanta necedad como el idiota, pero sin una maldad manifiesta, es que no da para más.

Pero, probablemente por ser un idealista, me inclino más hacia la segunda opción para definir a ese gen. Quizás por asumir que tratándose precisamente de un gen, este domina nuestros actos más allá de voluntades.

Pero sea como sea, ahí está, haciéndose visible cada día en mayor número y con mayor fortaleza en los seres que habita. Haciéndose mostrar a sus huéspedes, más y más orgullosos de su falta de raciocinio y de lo mucho que se van alejando de lo que entendíamos por un homo sapiens.

Es el gen de la imbecilidad, que más pronto o más tarde acabará por implosionar y destruirnos por hacernos no saber ni atarnos los zapatos.

No intento con todo esto que seamos todos literatos ni doctores en nada. No es esa la idea. Los más instruidos siempre han destacado y para poder sobresalir del resto, este resto debe saber menos, de una materia en concreto o de todo en general.

Pero un poquito más, solo un poquito. Ya no de conocimiento. Un simple mínimo de interés por el mundo que te rodea.

Ese mínimo de criterio que te hace no necesitar aprender a canturrear a Bad Bunny para que no se te entienda como a él, y saber quién dicta las leyes en el lugar donde vives.

Quizá no sea necesario saber de memoria toda la alineación de un equipo de fútbol, aunque sea tu favorito, pero sí qué provincia tienes a un par de horas en coche.

Solo eso. Porque al final, los que presumimos de tener interés por las cosas, acabamos sintiendo la vergüenza que vosotros habéis dejado de tener.

 

 

 

viernes, 10 de abril de 2026

#54. UNA VEZ, Y OTRA, Y OTRA MÁS…

 

Tenemos todos claro que el hombre, como especie, es el único animal que tropieza con la misma piedra, dos veces. Incluso más. Los hay que hasta van a buscar la piedra para provocar el tropiezo. Somos así.

Y cuando creemos que tenemos un tema ya superado, ¡zas!, aparece inesperadamente de nuevo.

Todo el mundo vive muy tranquilo pensando que todo está bien, que la gente puede hacer y decir lo que quiera, especialmente en las redes, pero no es así.

Algunas son más permisivas que otras, y te dejan margen para opinar, mostrar, publicar y citar a quien sea. Otras en cambio, aun pareciéndolo, un día te dan un aviso y te muestran una cartulina amarilla.

Hablo de esta serie que tenemos a medias, de Yo, Meretriz. Sí, habla sobre la prostitución, pero no como hecho morboso y oculto, no como un motivo pecaminoso, sino de su historia, del impacto que ha significado en la sociedad a lo largo de los siglos.


Y aun y así, nos amenazan con banearnos, con dejar de mostrar nuestro perfil y vetar nuestro contenido. A nosotros, mis gatos y yo, nos da un poco igual que Zuckerberg saliendo de misa haya tenido una aparición mariana y haya considerado que este contenido sea pecaminoso o poco recomendable, pero nos sabe mal por vosotros/as.

Sé que no os va la vida en ello, pero es una serie histórica, donde yo aprendí muchísimo sobre un tema tan desconocido como ese, y con el que tenía la vana esperanza que vosotros también lo hicierais.

Pero con este breve escrito os avanzo que no. Que no pienso doblegarme ante la oleada puritana woke de este personaje y su página. Que no pienso cambiar una sola coma ni de mis textos ni de los anuncios que hago para promocionarlos.

Porque eso sería bajar a su nivel, eso sería darle la razón.

Han sido ellos quien ya tuvieron problemas por limitar, castrar y censurar a mucha gente durante la última pandemia.

Y del mismo modo, que me importa lo mismo que un rábano, que alguien pueda entrar por error en mi blog o en mi canal de youtube, buscando contenido de alto voltaje al confundirse con el contenido, daré la misma importancia a la posible censura que me apliquen en esta red social.

Podría apoyarme en el lloriqueo y entrar a comparar perfiles.

Podría poner sobre la mesa la cantidad de petardas enseñando carne que hay o la  cantidad de intentos de estafas que te asaltan a diario en mensajes privados, o la cantidad de supuestos gurús que te dan soluciones milagrosas para todo, pero no, ni es nuestro estilo ni tengo por qué perder el tiempo en un estéril intento de defensa comparándome con todo eso.

Mis textos son como son, gustarán más o menos, estarán mejor o peor escritos, pero son míos y no los tocaré ni modificaré para agradar a una colección de rameras arrepentidas como parecen estos moderadores de contenido.

Así que no alargaré más este pataleo, porque lo es, porque me molesta infinitamente, ya no el hecho que me puedan banear, o incluso suspender el perfil, sino por el hecho que hoy en día aun debamos estar hablando de esto.

Que tal y como os decía no hace mucho en aquel “Manifiesto de lo nuestro”, nos están robando la tostada. Que esta Europa en la que vivo, cada día es menos libre, es más restrictiva y más dictatorial. Donde vivimos, nos guste o no, a las órdenes de morales que no son las nuestras, intereses de países a miles de kilómetros y con intenciones que jamás aprobaríamos.

Así que más que nunca, y ante la posibilidad que nos limiten o prohíban publicar más contenido, entrad, suscribíos y seguid leyendo y escuchando si así lo deseáis, para mí, todos sois bienvenidos a nuestro blog, y nuestro canal.

 

 

 

miércoles, 8 de abril de 2026

#53. YO MERETRIZ - CAPITULO VIII

Como os dije al inicio de la primera parte de este artículo, no he pretendido hacer juicios de valor. He intentado tratar un tema como es este con la mayor asepsia posible.

 

Ofreciéndoos datos y citas, huyendo de cualquier aportación demasiado personal que pudiera teñir con mi opinión, toda la serie de datos que he ido recopilando a base de leer y leer sobre el tema.

 

Pero conocéis de sobras mi incontinencia verbal y sabéis sobradamente que rara es la vez que no digo la mía.

 

La prostitución ha perdurado hasta hoy desde los inicios de nuestra historia, en todas sus formas y en todas sus condiciones.

 

Ha sido tan asumida y venerada como lo fue en la antigua Grecia, escondida y consentida como lo fue en la tardía Edad Media o rechazada y perseguida como ocurrió en la Europa decimonónica, pero al contrario que cualquier otro oficio actual o ya extinto, en todo ese tiempo no ha cambiado, al menos en su esencia.

 

Cierto es que, en un primer momento no tenía un objetivo lucrativo muy al contrario, fue una señal de altruismo y agradecimiento hacia los forasteros y visitantes, convivió con los pactos e intereses que rodeaban a los emparejamientos (esto último no tengo claro que deba escribirlo en pasado), y que poco a poco fue derivando en una fuente inagotable de ingresos, y posiblemente por ello ha perdurado hasta hoy.

Es un sector al que poco afectan las recesiones económicas y las crisis de los “mercados”, aunque sí se ha visto afectado por las crisis moralistas y las tendencias sociales al conservadurismo.

 

Presente en cualquier rincón del planeta, en cada lugar muestra su idiosincrasia, ligada estrechamente a la cultura y a las costumbres del país donde se ejerce dependiendo de la protección, persecución o del inmovilismo de las leyes del lugar.

 


Pero sea como sea, no hay que olvidar el papel que desarrolla. Un papel que, sin entrar en el delicado terreno de juzgar lo que podría pasar sin ella, ni queriendo entrar en demasiadas recomendaciones y moralinas, procura el desahogo de quien solicita de sus servicios, porque nos guste o no, si existe y perdura es porque hay y ha habido siempre demanda de ella.

 

No negaré que hay abusos, que no siempre quien la ejerce lo hace voluntariamente y que frecuentemente se mezcla e involucra en otros asuntos que añaden aún más una reputación y mala prensa que no siempre tiene por qué ser merecida.

 

Es habitual que la relacionemos con el narcotráfico, con el proxenetismo, con el tráfico humano y con multitud de ingredientes que no hacen más que añadir oscuridad a un ramo que ya por sí mismo nos cuesta mirar con detenimiento y de forma objetiva.

 

A día de hoy, al igual que las relaciones sexuales y sentimentales han cambiado, también lo han hecho ellas. Y podemos ver a jovencitas que han trasladado su patrimonio a Andorra o cualquier otro lugar con menos carga fiscal, dándose una vida más que cómoda gracias a exhibir “sus vergüenzas” o sus habilidades amatorias en páginas como OnlyFans. Y aunque en esos sitios no haya un contacto directo con el cliente, no se deja de vender sexo por dinero, y creedme, si alguna es mínimamente agraciada en sus atributos físicos, es mucho dinero. Pero por algo será que sienten la necesidad y se empeñan en defender su dignidad y te digan que esas prácticas no le quitan valor a la mujer.

 

Todos nosotros somos los primeros en prejuzgar, categorizar y bañar de adjetivos y explicaciones cualquier ocasión que tenemos para hablar del tema porque, aunque tengamos asumida su existencia e incluso nos moleste poco ver a una prostituta en la calle, continua siendo parte de un tabú que hemos heredado de nuestra propia historia.

Pero nos pongamos como nos pongamos ahí están, y forman parte de nosotros.  No concibo, yo que soy barcelonés, unas Ramblas sin ellas, por lo que a mí respecta, son tan necesarias y turísticas como pueden serlo las obras de Gaudí. Del mismo modo que me parece detestable que se “limpien” de las calles en cuanto la ciudad prepara algún evento de cierta repercusión internacional tal y como sucedió durante los juegos olímpicos de 1992.

 

Las escondemos y exhibimos a capricho, pero ahí están, moviéndose y mutando junto a la sociedad, cambiando sus nombres y formas de actuar, pero tan eternas como necesarias y a la espera de nuestro capricho según las necesitemos o nos incomoden.

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 


sábado, 4 de abril de 2026

#52. YO, MERETRIZ - CAPITULO VII

 

En el último audio café, os dejé con la incógnita sobre cuál era esa última categoría, y como os dije, seguramente será la que levante más ampollas de entre todas las que hemos explicado. Porque no es otra que la prostituta doméstica

No existen definiciones sobre ella, en ningún artículo se hace demasiada referencia, no se lista, enumera ni se incluye en ninguna de las anteriores categorías, no hay demasiadas referencias históricas ni grandes nombres destacados durante los siglos, pero quizás sea uno de los colectivos de mayor número, de mayor ocultación por parte de todos y de mayor longevidad en los tiempos.

Como hemos comentado en la primera parte de este artículo, la definición de “puta” es: Dícese de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero, aunque suele considerarse del mismo modo cualquier otro tipo de retribución.

Bien, por la coletilla de “cualquier otro tipo de retribución” es por donde nos colaremos.


Hablamos de que en una sociedad y cultura como en la nuestra, donde la apariencia y el qué dirán impera y marca en buena medida nuestras conductas o la de los que nos rodean, para no englobar a todo el mundo y que las lectoras no se sientan excesivamente identificadas.

El afán de poseer y de gozar de una serie de comodidades que cada uno prioriza y recoge en su propia lista de valores y prioridades, los enlaces matrimoniales y emparejamientos han variado mucho en cuanto a su forma, pero no en su fondo.

Ya desde tiempos remotos en que se ofrecían hijas, hermanas y demás féminas consanguíneas al forastero como señal de bienvenida, pasando por aquellas ofrendas que se daban al templo como señal de gratitud por los servicios recibidos de una hetaria y más adelante en que el valor de ese familiar aumentaba, por lo que se pactaban emolumentos y contraprestaciones económicas, a cambio de dar el beneplácito ante un posible enlace.

Dando origen a lo que hoy llamamos “arras”, las relaciones sentimentales han estado teñidas siempre, desde el inicio de los tiempos, por el color del beneficio económico, ya sea a base de dinero o bien como una contraprestación del tipo que sea.

Hoy en día, nos resultaría escandaloso oír hablar de matrimonios pactados, y de hecho, cuando alguna noticia parecida aparece, nos asalta el escándalo y la incomprensión de que en el siglo XXI aún ocurran cosas de ese tipo.

Pero esas noticias tan solo hablan de lo que ha ocurrido siempre del pacto pre-matrimonial, (y cuidado, no lo justifico) cuando si miramos a nuestro alrededor atentamente, podremos observar y veremos que aceptamos naturalmente que la vecina del 4º piso o la prima lejana, lleva veinte años cobrándose los favores y servicios que ofrece en su matrimonio.

No es terreno exclusivo femenino, del mismo modo que hay muchas mujeres que se someten a ciertas voluntades masculinas e incluso a malos tratos pero que gozan de cierta comodidad en sus vidas, al menos en lo que se refiere a lo más material, también hay hombres que viven y se nutren de sus parejas.

Hablo de gentes, porque sectorizarlos y darles un trato profesional es un puro eufemismo que, por falta de iniciativa, ambición o incluso amor propio, aguantan situaciones insoportables, víctimas de sus parejas ya sean maridos o esposas.

Gentes que han renunciado a formar una vida propia y aceptan y acatan la voluntad de con quien cohabitan, a cambio de no renunciar a un estatus social, unas comodidades económicas o no enfrentarse a las penurias que una vida en solitario proporciona y en el más benigno de los casos, incluso a dar algo de sexo de vez en cuando como parte de las obligaciones conyugales.

Quizás no estamos habituados a llamarlos así, ya que hablamos de unas actitudes perfectamente aceptadas y asumidas por la sociedad en que vivimos, pero a fin de cuentas, no se deja de dar cama por alimento, por lo tanto, se les puede llamar también en su gran mayoría, putas.

La historia de algunas grandes mujeres ha quedado asociada a la práctica de la prostitución, a veces con razón y otras simplemente para difamar sus méritos, pero también los ha habido célebres entre ellos, aquí os dejo algunos ejemplos de los más curiosos a lo largo de la historia.

Se decía de Julio César, emperador romano, que ”Es el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres”. Pero a la que más amó fue a Cleopatra, con la que frecuentemente prolongó festines hasta la nueva aurora.

Dicen de Agripina, esposa y consejera del emperador Claudio, que dio rienda suelta a su ninfomanía y se contaba de ella que, insatisfecha con sus innumerables amantes, se prostituyó en un barrio humilde de Roma bajo el nombre de Liscia. También habría retado al gremio de cortesanas para ver quién era capaz de satisfacer más hombres en una noche. Venció.

Madame de Pompadour fue cortesana del reinado de Luis XV. Adquirió el título de Duquesa y Marquesa de Pompadour y Marquesa de Menars. Culta y refinada, protegió a los enciclopedistas.

Madame Claude, fundó un burdel de lujo en París en los años 60 del siglo XX. Fue la primera en hacer que sus empleadas asistieran a los encuentros sexuales en cualquier parte del mundo previa cita telefónica, acuñando el nombre, aún vigente, de call girl.

miércoles, 1 de abril de 2026

#51. YO, MERETRIZ - CAPITULO VI

 

Mientras más rígido sea dicho orden, más difícil será adaptar la naturaleza a la razón artificial, probad a meter un gato en una bañera para acicalarle el pelo y veréis a lo que me estoy refiriendo.

Para que existan madres virtuosas e hijas inmaculadas, debe haber mujeres ni virtuosas ni inmaculadas, aunque solo sea para distinguir unas de otras.

La familia tradicional, por ejemplo, esa unidad cultural tan profundamente arraigada en nuestro armazón social, y que como uno de los pilares de carga, sustenta el inmenso edificio moral que hemos creado, es también la columna que define y sostiene el oficio de la prostitución. No en balde, ambas instituciones tienen la misma antigüedad.


Con todo, la erradicación del comercio carnal, siempre como lo hemos definido al principio, y en caso de que fuera naturalmente posible, pasará irremediablemente por construir nuestra sociedad de otra forma, por buscar nuevas arquitecturas.

Y para que la regulación sea efectiva y plácida deberá pasar por dotarnos de un marco moral (cultural) que la legitime plenamente. Mientras no ocurra lo uno o lo otro, seguiremos en la sinrazón y el desconcierto.

Y la meretriz, que procede etimológicamente de la palabra latina mereo, merecer, merecedora de lo que gana, será una excluida necesaria en lugar de un recuerdo del pasado o de un bien asumido.


A lo largo de la historia, del mismo modo que la sociedad ha ido modificando la finalidad y el concepto que ha tenido del oficio, éste ha ido adaptándose a lo que los acontecimientos le ha permitido y por tanto ha ido variando su forma, finalidad y por ende, su denominación.

Desde la antigua Roma, donde las cuadrantarias, llamadas así por cobrar un cuadrante (una cantidad miserable) a las felatoras (expertas en esa práctica), así como las hetarias en Grecia, las ahuiyani suramericanas, pasando por todo tipo de cortesana, desde la antigüedad, la edad media o la corte de Luis XV de Francia, hasta las jineteras cubanas que ejercen la prostitución en las calles de la Habana, la prostitución se ha amoldado y adaptado a su entorno con mayor éxito y perdurabilidad que ningún otro oficio en la historia.

Es quizá por eso que ha sido, es y seguirá siendo un recurso de innegable servicio, pero hasta ahora hemos hablado solo de la prostitución más común, la de calle (exceptuando las hetarias de la antigüedad) y hoy por hoy, existen otras fórmulas que dan servicio a la innumerable demanda de los favores que este colectivo ofrece.

Me refiero al refinamiento y al pronunciamiento de las clases y categorías que, aunque siempre hayan estado definidas dentro del colectivo, hoy en día sea quizás uno de los momentos de la historia en que más diferenciados pueda estar por multitud de factores.

Fuera ya de las calles, lejos de los submundos donde acostumbra a encontrarse todo tipo de prostitución, por defecto la de más bajo nivel, y ya que sabemos que, lo que prácticamente se originó en conventos y que derivó en lugares donde aislar del resto de la sociedad lo que se sabía, pero siempre resultaba incómodo ver en las calles.

Ha ido cambiando a lo largo del tiempo y del burdel clásico hemos ido evolucionando en otras formas que aunque hoy por hoy no sean todavía temas que dejen a nadie indiferente, existen y resultan de lo más lucrativo. Hablo de lo que hoy se denomina como prostitutas de lujo, scorts y gigolós.

Tanto en el caso de las prostitutas de lujo, como en el de las scort, como en el de los gigolós, podríamos decir que son una modernización de concepto de la hetaria.

Es cierto que en su origen, son profesionales del sexo y dan y cumplen este servicio, pero en cada uno de los tres casos, y por ese motivo los he englobado en un solo apartado, van un paso más allá en el abanico de opciones que ofrecen.

De entre las tres denominaciones o especialidades, como queráis llamarlas, es quizás la de la prostituta de lujo, la que mantiene un carácter más explícito en lo que al sexo se refiere, diferenciándose básicamente de la prostituta de calle por lo elevado de sus honorarios, que se justifica por norma general con un físico que cumpla todos los cánones de belleza que la sociedad del momento exige acompañado de cierto nivel cultural y en ocasiones con tintes de psicología.

No obstante, cumple una función de acompañante o simplemente de diván psicológico donde su clientela halla el desahogo que busca que no tiene por qué ser siempre carnal.

Por otro lado, la y el scort es quien básicamente ofrece su compañía en un lugar o evento determinado (generalmente formal y de cierto protocolo como puede ser un baile, cóctel o incluso una boda), aparentando la existencia de una relación sentimental, para después proporcionar el servicio sexual pertinente si así lo requiere el cliente.

Es por ese motivo que el y la scort se caracterizan en buena medida por su saber estar y sus conocimientos de protocolo y educación que acostumbran a ser altamente refinados.

Y para finalizar esta categoría nos queda el gigoló, a quien he encumbrado al nivel de la prostituta de lujo no quizás por sus atributos a la hora de conversar y compartir conocimientos, sino porque el perfil de su clientela, femenina y que acostumbra a superarlo en edad, exige de algo más que el burdo intercambio carnal.

Quiero también hacer mención a un colectivo que dada la lejanía y el misticismo y cierto misterio que tiñe su cultura, desde occidente se ha confundido y vinculado habitualmente con la prostitución, aunque no sea necesariamente cierto. La Geisha.

La Geisha como definición y traducción literal, es una artista tradicional japonesa. Las geishas se originaron como profesionales del entretenimiento, originalmente la mayoría eran hombres.

Mientras las cortesanas profesionales brindaban entretenimiento sexual, las geishas usaban sus habilidades en distintas artes japonesas como la música, baile y narración. Las geishas de ciudad (machi) trabajaban independientemente en fiestas fuera de los “barrios de placer”, mientras que las de barrio (kuruwa) lo hacían dentro de éstos.

Al declinar el nivel artístico de las cortesanas, las geishas (hombres y mujeres) tuvieron mayor demanda.

Los geishas masculinos (hokan o taikomochi) comenzaron a declinar y hacia los inicios del siglo XIX las geishas femeninas, a quien en un principio se las llamaba onna geisha (literalmente geisha mujer) los superaron en número hasta adoptar por completo el uso del término Geisha.

Tradicionalmente, las geishas comenzaban su entrenamiento a edades muy cortas. Algunas jóvenes eran vendidas a las casas de geishas en su niñez y comenzaban su entrenamiento en varias artes tradicionales casi de inmediato.

Durante esa niñez, las geishas podían trabajar como criadas o asistentes de las más experimentadas, para posteriormente pasar a ser aprendices (maiko).

Esta tradición de entretenimiento existe en muchas otras disciplinas de Japón, el estudiante deja su hogar para hacer trabajos domésticos y asistir a su maestro para finalmente, convertirse en uno de ellos.

Y por último, nos queda una categoría, quizás la más oculta, la más silenciada y la que probablemente levantará más ampollas dentro de todo el contenido de este artículo y en la que me veo casi en la obligación de darle un apartado exclusivo dada la complejidad de su contenido.