Tenemos todos claro que el hombre, como especie, es el único animal que tropieza con la misma piedra, dos veces. Incluso más. Los hay que hasta van a buscar la piedra para provocar el tropiezo. Somos así.
Y cuando creemos que tenemos un tema ya superado, ¡zas!,
aparece inesperadamente de nuevo.
Todo el mundo vive muy tranquilo pensando que todo está
bien, que la gente puede hacer y decir lo que quiera, especialmente en las
redes, pero no es así.
Algunas son más permisivas que otras, y te dejan margen para
opinar, mostrar, publicar y citar a quien sea. Otras en cambio, aun
pareciéndolo, un día te dan un aviso y te muestran una cartulina amarilla.
Hablo de esta serie que tenemos a medias, de Yo, Meretriz.
Sí, habla sobre la prostitución, pero no como hecho morboso y oculto, no como
un motivo pecaminoso, sino de su historia, del impacto que ha significado en la
sociedad a lo largo de los siglos.
Y aun y así, nos amenazan con banearnos, con dejar de mostrar nuestro perfil y vetar nuestro contenido. A nosotros, mis gatos y yo, nos da un poco igual que Zuckerberg saliendo de misa haya tenido una aparición mariana y haya considerado que este contenido sea pecaminoso o poco recomendable, pero nos sabe mal por vosotros/as.
Sé que no os va la vida en ello, pero es una serie
histórica, donde yo aprendí muchísimo sobre un tema tan desconocido como ese, y
con el que tenía la vana esperanza que vosotros también lo hicierais.
Pero con este breve escrito os avanzo que no. Que no pienso
doblegarme ante la oleada puritana woke de este personaje y su página. Que no
pienso cambiar una sola coma ni de mis textos ni de los anuncios que hago para
promocionarlos.
Porque eso sería bajar a su nivel, eso sería darle la razón.
Han sido ellos quien ya tuvieron problemas por limitar,
castrar y censurar a mucha gente durante la última pandemia.
Y del mismo modo, que me importa lo mismo que un rábano, que
alguien pueda entrar por error en mi blog o en mi canal de youtube, buscando
contenido de alto voltaje al confundirse con el contenido, daré la misma
importancia a la posible censura que me apliquen en esta red social.
Podría apoyarme en el lloriqueo y entrar a comparar
perfiles.
Podría poner sobre la mesa la cantidad de petardas enseñando
carne que hay o la cantidad de intentos
de estafas que te asaltan a diario en mensajes privados, o la cantidad de
supuestos gurús que te dan soluciones milagrosas para todo, pero no, ni es
nuestro estilo ni tengo por qué perder el tiempo en un estéril intento de
defensa comparándome con todo eso.
Mis textos son como son, gustarán más o menos, estarán mejor
o peor escritos, pero son míos y no los tocaré ni modificaré para agradar a una
colección de rameras arrepentidas como parecen estos moderadores de contenido.
Así que no alargaré más este pataleo, porque lo es, porque
me molesta infinitamente, ya no el hecho que me puedan banear, o incluso
suspender el perfil, sino por el hecho que hoy en día aun debamos estar
hablando de esto.
Que tal y como os decía no hace mucho en aquel “Manifiesto
de lo nuestro”, nos están robando la tostada. Que esta Europa en la que vivo,
cada día es menos libre, es más restrictiva y más dictatorial. Donde vivimos,
nos guste o no, a las órdenes de morales que no son las nuestras, intereses de
países a miles de kilómetros y con intenciones que jamás aprobaríamos.
Así que más que nunca, y ante la posibilidad que nos limiten
o prohíban publicar más contenido, entrad, suscribíos y seguid leyendo y
escuchando si así lo deseáis, para mí, todos sois bienvenidos a nuestro blog, y
nuestro canal.

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