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sábado, 4 de abril de 2026

#52. YO, MERETRIZ - CAPITULO VII

 

En el último audio café, os dejé con la incógnita sobre cuál era esa última categoría, y como os dije, seguramente será la que levante más ampollas de entre todas las que hemos explicado. Porque no es otra que la prostituta doméstica

No existen definiciones sobre ella, en ningún artículo se hace demasiada referencia, no se lista, enumera ni se incluye en ninguna de las anteriores categorías, no hay demasiadas referencias históricas ni grandes nombres destacados durante los siglos, pero quizás sea uno de los colectivos de mayor número, de mayor ocultación por parte de todos y de mayor longevidad en los tiempos.

Como hemos comentado en la primera parte de este artículo, la definición de “puta” es: Dícese de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero, aunque suele considerarse del mismo modo cualquier otro tipo de retribución.

Bien, por la coletilla de “cualquier otro tipo de retribución” es por donde nos colaremos.


Hablamos de que en una sociedad y cultura como en la nuestra, donde la apariencia y el qué dirán impera y marca en buena medida nuestras conductas o la de los que nos rodean, para no englobar a todo el mundo y que las lectoras no se sientan excesivamente identificadas.

El afán de poseer y de gozar de una serie de comodidades que cada uno prioriza y recoge en su propia lista de valores y prioridades, los enlaces matrimoniales y emparejamientos han variado mucho en cuanto a su forma, pero no en su fondo.

Ya desde tiempos remotos en que se ofrecían hijas, hermanas y demás féminas consanguíneas al forastero como señal de bienvenida, pasando por aquellas ofrendas que se daban al templo como señal de gratitud por los servicios recibidos de una hetaria y más adelante en que el valor de ese familiar aumentaba, por lo que se pactaban emolumentos y contraprestaciones económicas, a cambio de dar el beneplácito ante un posible enlace.

Dando origen a lo que hoy llamamos “arras”, las relaciones sentimentales han estado teñidas siempre, desde el inicio de los tiempos, por el color del beneficio económico, ya sea a base de dinero o bien como una contraprestación del tipo que sea.

Hoy en día, nos resultaría escandaloso oír hablar de matrimonios pactados, y de hecho, cuando alguna noticia parecida aparece, nos asalta el escándalo y la incomprensión de que en el siglo XXI aún ocurran cosas de ese tipo.

Pero esas noticias tan solo hablan de lo que ha ocurrido siempre del pacto pre-matrimonial, (y cuidado, no lo justifico) cuando si miramos a nuestro alrededor atentamente, podremos observar y veremos que aceptamos naturalmente que la vecina del 4º piso o la prima lejana, lleva veinte años cobrándose los favores y servicios que ofrece en su matrimonio.

No es terreno exclusivo femenino, del mismo modo que hay muchas mujeres que se someten a ciertas voluntades masculinas e incluso a malos tratos pero que gozan de cierta comodidad en sus vidas, al menos en lo que se refiere a lo más material, también hay hombres que viven y se nutren de sus parejas.

Hablo de gentes, porque sectorizarlos y darles un trato profesional es un puro eufemismo que, por falta de iniciativa, ambición o incluso amor propio, aguantan situaciones insoportables, víctimas de sus parejas ya sean maridos o esposas.

Gentes que han renunciado a formar una vida propia y aceptan y acatan la voluntad de con quien cohabitan, a cambio de no renunciar a un estatus social, unas comodidades económicas o no enfrentarse a las penurias que una vida en solitario proporciona y en el más benigno de los casos, incluso a dar algo de sexo de vez en cuando como parte de las obligaciones conyugales.

Quizás no estamos habituados a llamarlos así, ya que hablamos de unas actitudes perfectamente aceptadas y asumidas por la sociedad en que vivimos, pero a fin de cuentas, no se deja de dar cama por alimento, por lo tanto, se les puede llamar también en su gran mayoría, putas.

La historia de algunas grandes mujeres ha quedado asociada a la práctica de la prostitución, a veces con razón y otras simplemente para difamar sus méritos, pero también los ha habido célebres entre ellos, aquí os dejo algunos ejemplos de los más curiosos a lo largo de la historia.

Se decía de Julio César, emperador romano, que ”Es el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres”. Pero a la que más amó fue a Cleopatra, con la que frecuentemente prolongó festines hasta la nueva aurora.

Dicen de Agripina, esposa y consejera del emperador Claudio, que dio rienda suelta a su ninfomanía y se contaba de ella que, insatisfecha con sus innumerables amantes, se prostituyó en un barrio humilde de Roma bajo el nombre de Liscia. También habría retado al gremio de cortesanas para ver quién era capaz de satisfacer más hombres en una noche. Venció.

Madame de Pompadour fue cortesana del reinado de Luis XV. Adquirió el título de Duquesa y Marquesa de Pompadour y Marquesa de Menars. Culta y refinada, protegió a los enciclopedistas.

Madame Claude, fundó un burdel de lujo en París en los años 60 del siglo XX. Fue la primera en hacer que sus empleadas asistieran a los encuentros sexuales en cualquier parte del mundo previa cita telefónica, acuñando el nombre, aún vigente, de call girl.

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