De monjes rusos y papas profetizados
Si Centroeuropa tenía a sus “profetas del bosque”, Rusia
decidió ponerle dramatismo. Porque claro, si eres un país de dimensiones
descomunales, con inviernos eternos y zares que se creían enviados de Dios, tus
profetas no podían ser menos que grandilocuentes. Y lo fueron.
Basilio, el santo loco
En Rusia existía la figura del yurodivi, el “tonto de
Dios”: personajes extravagantes, medio mendigos, medio santos, que a fuerza de
excentricidad lograban decir verdades que nadie más se atrevía a pronunciar.
Entre ellos estaba Basilio, un monje que caminaba desnudo en pleno
invierno, gritaba a los zares y lanzaba frases proféticas como quien reparte
estampitas.
Basilio aseguraba que el mundo viviría una transformación
tecnológica que cambiaría las almas:
- “El
hombre hablará a multitudes desde una caja mágica” → la radio.
- “El
mundo entero verá a un solo hombre” → la televisión.
- “El
demonio se meterá en los hogares a través de hilos invisibles” → internet.
No mencionó Netflix ni TikTok, pero estuvo a un paso.
También habló de un tiempo de hierro en Rusia: líderes sin
alma, guerras internas y un pueblo fascinado por el poder material. Que levante
la mano quien no vea ahí un retrato del siglo XX… y quizá del XXI.
Rasputín, el monje imposible
Su final fue tan novelesco como sus profecías: lo
envenenaron, lo apuñalaron, lo tirotearon y, como seguía respirando, acabaron
ahogándolo en un río helado. Ni Hollywood se habría atrevido a tanto.
En medio de esa vida desbordada, Rasputín dejó advertencias
que parecen sacadas del telediario:
- “Cuando
los hombres gobiernen Rusia, el país se perderá. Cuando lo haga una mujer,
Rusia se salvará.”
- “El
pueblo creerá en nada y en todo: en los falsos profetas de la prensa, en
los ídolos del poder.”
- “La
familia se quebrará: los padres no entenderán a los hijos ni los hijos a
los padres.”
Su frase más célebre fue la que escribió al zar Nicolás II
poco antes de morir:
“Si yo muero asesinado por los boyardos, la familia imperial
será destruida por el pueblo ruso.”
Rasputín murió a manos de nobles conspiradores en 1916. Dos
años después, los bolcheviques fusilaron a toda la familia Romanov en
Ekaterimburgo.
Profecía cumplida o golpe de suerte macabro, ahí lo dejo.
Entre Basilio y Rasputín
Lo fascinante es cómo ambos encarnan dos extremos:
- Basilio,
el loco santo que anticipa inventos y demonios modernos.
- Rasputín,
el monje libertino cuya vida y muerte parecían una profecía en sí mismas.
Los dos muestran la misma tensión: un país oscilando entre
la fe y el poder, entre la espiritualidad y la brutalidad histórica.
El salto a Roma
De las estepas rusas pasamos ahora al Vaticano. Allí, en
1976, apareció un libro firmado por Pier Carpi: Las profecías de Juan XXIII.
Lo curioso es que el papa Roncalli era conocido como el “Papa bueno”, un hombre
cercano, sonriente, más dado a abrir ventanas que a anunciar catástrofes.
Pero según ese libro, también habría dejado escritos
mensajes crípticos sobre el futuro.
El “bendito número 16”
Entre las frases más repetidas estaba la mención a un papa
del “bendito número 16”. Y cuando en 2005 salió elegido Benedicto XVI,
muchos corrieron a proclamar: ¡profecía cumplida!
El retrato cuadraba: un papa de transición, llamado a guiar
a la Iglesia en un tiempo convulso. Y vaya si fue convulso: Benedicto XVI acabó
renunciando, algo que no ocurría desde hacía siglos.
Frases para jugar al oráculo
El libro recogía otras sentencias igual de misteriosas:
- “Un
viaje que aún no se ha cumplido.”
- “Tierras
donde el sol muere.”
- “El
horizonte del año 2033.”
El 2033 será, nada menos, el bimilenario de la crucifixión
de Cristo. Y con esa fecha en el calendario, más de uno ya está montando
teorías sobre cataclismos y revelaciones.
Profecía o invento literario
Los más escépticos lo tienen claro: el libro de Carpi fue un
caso de profecía retrospectiva. Es decir, escribir sobre hechos ya
ocurridos en un lenguaje poético que parezca anticiparlos. Una técnica tan
vieja como Nostradamus.
Pero, seamos sinceros, ¿qué sería de nosotros sin un poco de
misterio? Lo cierto es que el Vaticano nunca desmintió oficialmente esas
profecías, y el silencio siempre es terreno fértil para la imaginación.
Entre Rusia y Roma
Si algo nos enseñan Basilio, Rasputín y Juan XXIII es que
las profecías no son tanto ventanas al futuro como espejos del presente. Rusia
veía en Basilio y Rasputín sus propias tensiones políticas y espirituales.
Italia proyectaba en un papa bonachón el deseo de que hubiera mensajes ocultos,
como si la Iglesia guardara secretos reservados a unos pocos.
Y entonces…
En la próxima entrega nos acercaremos a nuestro tiempo con
una vidente irlandesa que en 2010 encendió medio internet: Mary de la Divina
Misericordia, autora de The Warning. Sus mensajes hablan de un aviso
global, de un mundo controlado digitalmente y de una marca de la bestia que
suena demasiado a microchip.
👉 Y aquí va mi pregunta:
¿prefieres las profecías místicas y exageradas de los monjes rusos, o los
mensajes elegantes y ambiguos que se atribuyen a un papa?

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Las profecías siempre tienen que ser místicas y exageradas y se suena un trueno apocalíptico mientras las lee, mejor. Me ha encantado, como siempre.
ResponderEliminarSoy Lourdes que ya me he inscrito como tres veces y nada de nada.
ResponderEliminarGracias, aún queda una tercera parte, de las profecías al menos... en cuanto a la subscripción, te tiene que haber llegado hoy un correo dándote la bienvenida, si no es asi, escríbeme directamente a tintaycafe.oficial@gmail.com y lo arreglamos
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