No hace mucho estuve viendo algunos videos sobre las ferias que se celebran en China y otras ciudades del mundo, sobre el nivel tecnológico que está asumiendo la industria de la robótica. Más allá de la robótica industrial, que más o menos la tenemos todos asumida, lo que quizás llamaba la atención a todos los asistentes y a mí mismo, era la progresión geométrica que están teniendo los robots humanoides enfocados a la asistencia y compañía de humanos.
Me parecieron muy aplaudibles algunas
versiones, asistencia a médicos, asistencia al hogar, asistentes para mayores
de edad y un largo etcétera que va en aumento cada día que pasa. Pero hay una
variante, que como era de esperar, va por delante de todas las demás y no es
que te asistan, es que te suplen.
La versión moderna y mecanizada de la
clásica muñeca hinchable ya está aquí. Robots humanoides con funciones
sexuales, aunque te lo pretendan vender como un artilugio anti-soledad o de
compañía sin dar explícitamente los pormenores de todas sus funciones. Pero
claro está, que si le pones tetas y una vagina con siliconas quirúrgicas para
emular al máximo posible el tacto de la piel humana y te explican que es de
fácil limpieza, es porque vas a intentar ensuciarla.
Dentro de todo lo criticable que puede
ser esto, e intuyo que ahora mismo, la parte del público que esté leyendo esto y
desconocía estas funciones, deben estar antorcha en mano pidiendo cabezas, es
cierto que tiene parte de atractivo el hecho que tengas a alguien con quien
puedas interactuar, hablar y que llene un espacio en tu casa, y más si te da
respuestas más o menos coherentes basadas en todo el conocimiento que pueda
haber en la red, hasta ese punto hasta yo me plantearía tener un cacharro de
estos, aunque probablemente lo dejaría con un aspecto asexuado. Pero el
problema radica, más allá de que intentes “zumbarte” a esa amalgama de cables y
chatarra, a la suplantación de la compañía humana por una robotizada.
Soy consciente que, como soltero recalcitrante
que soy, que las relaciones interpersonales a veces son complicadas, que nunca
acabas de ver venir al otro, que a veces las expectativas o lo que se supone que
el otro debería saber sin necesidad de decírselo, complican y mucho el día a
día de una pareja y conforme pasan los años y vas acumulando años de soltería,
la cosa se va agravando.
Ahí es cuando de pronto, aparece un
artilugio mecánico, al que además le han puesto melena rubia, aunque a veces
podrías emplazar algunas versiones en una esquina haciendo girar su bolso, y
que además no te discute, no te
contesta, no te dice que este fin de semana tendríamos que colgar una
estantería, cuando sabes que te está diciendo coge tú el taladro e infinidad de
pretextos más que podríamos encontrar a favor y en contra de lo que,
personalmente me resulta una caída en barrena.
Aquí no estamos cuestionando que puedas
ser un devoto de los últimos avances tecnológicos y que del mismo modo que
corres a comprar el último modelo de cualquier electrodoméstico por el hecho de
ser el último, aquí estamos hablando de otra cosa. Aquí hablamos de sustituir
la parte que nos puede incomodar de otro ser humano, por alguien que siempre
dirá que sí, alguien que jamás tendrá un cansancio ni se mostrará indispuesto
para hacer lo que le pidas, es más, jamás te dirá una cosa cuando quiere decir
otra, ni tendrá enfados que te cuestan entender ni discusiones sobre tal o cual
motivo. Estará siempre ahí, en silencio, esperando a que le digas ven, di o
haz.
Más allá de esta circunstancia, hay otro
factor que supongo que no se ha planteado todavía por parte de quien sea o
quiera ser usuario de esos inventos, y es que ¿se ha planteado alguien cuánto
vamos a tardar como humanos en acabar hartos de tanto servilismo? Porque en el
mundo que vivimos hoy, si en cuanto pasamos tres fines de semana seguidos sin
tener un plan maravilloso que rompa con nuestro día a día y nos de un “chute”
de dopamina, ya empezamos a plantearnos lo muy destructivas que son las
rutinas, imaginad lo que podemos tardar
en detestar a alguien (y ya digo alguien personalizándolo) que si no hablas no
responde, alguien que jamás va a tomar una iniciativa y que igual que las
supuestas Inteligencias Artificiales que usamos, su ultima respuesta siempre va
a ser, si puede ayudarte en algo más.
A mí personalmente me exaspera solo de
pensarlo, así que una de dos, o esperamos que instalen algoritmos que doten de
complejidad y cierta contradicción a esos aparatos para que nos olvidemos momentáneamente
que les podemos cambiar la cara cada quince días, o pasadas pocas semanas los
vamos a dejar desconectados y encerrados en un armario junto a las escobas
mientras volvemos a abrirnos un perfil en Tinder.
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