Hoy estamos de crítica cinematográfica. Del mismo modo que hice el mes pasado con la película “Cautivo”, hoy voy a hablaros de una serie corta que me he tragado del tirón este fin de semana y que recomendaré encarecidamente. Ya sabéis, de esas que te dejan con la taza de café fría porque no puedes parar
ANIMAL (Netflix)
En cuanto al reparto, hablaré de los dos papeles principales, aunque hay varios más de entre los personajes que valdría la pena dedicarles un monográfico para ellos solitos. Todo esto con un constante acento gallego muy marcado, de aldea, hórreo y pazo, que le dan un ambiente más rural del que ya tiene y que como ya sabemos, si es gallego suena hasta mejor.
Luis Zahera. Que aunque su cara me suena y lo habré visto en alguna otra película, porque hasta tiene un goya, al arrancar la serie me resultó un perfecto desconocido. La verdad es que da la sensación que el guion lo haya hecho su prima, porque es un traje a medida. Creíble 100%, tanto por su aspecto físico como por esos gestos de tipo al que ya te imaginas cagándose en todo sin despeinarse.
Y Lucía Caraballo, que es su contrapunto, el máximo ejemplo de esta maldita cultura woke del buenismo, el buenrollismo y el perrismo, que no sé si son condiciones que ya venían con ella, quiero decir, que la actriz ya sea así en su casa o es todo interpretación, pero la verdad es que también lo hace del todo creíble y funciona a las mil maravillas junto al despropósito de vida de Antón, el personaje de Luis Zahera.
Porque si por algo me hizo gracia y me llamó la atención desde el minuto uno, fue ese contrapunto, un veterinario rural con una vida que parece que vaya a desmoronarse en cualquier momento frente a una chiquilla que solo le falta vender artículos para unicornios en la tienda donde trabaja y aun así te cae bien, joder. Que ya es decir.
Se dan situaciones y momentos en que me recordó mucho a mi colección de “perrijos”, que publiqué en el blog la segunda mitad del mes de agosto y que a día de hoy, sigue siendo de lo que más habéis leído y más interés ha despertado.
Lo cierto es que la serie, sin haceros spoiler, recoge un poco ese concepto que quise poner sobre la mesa con mis artículos, hablando de quien amando a los animales, como es mi caso. Ya lo sabéis los que me habéis ido siguiendo. Y quien los trata como tal, sin tapujos. No como un igual, sino como un animal, al que se le puede querer y cuidar mucho pero sin confundirnos nosotros ni confundirlos a ellos con roles y conductas que no les pertenecen.
Y a colación de ese concepto nos encontramos con ese veterinario rural que es Antón, quien es capaz de meter el brazo por el ano de una vaca hasta el hombro y se ve forzado para reencauzar su vida a trabajar en una tienda para mascotas donde se contempla el spa o un “desahogador” con forma de perro, textura suave y orificio bajo el rabo. El cojín de toda la vida para que el perro se lo tire cuando va cachondo, para resumir.
Esto provoca multitud de situaciones cómicas que disfrazan un poco un trasfondo psicológico de cada personaje que también daría para escribir sobre ellos, uno por uno.
Desde Uxía (Lucia Caraballo), como sobrina "happy-flowers" de Antón (Luis Zahera), o Sabela, una ex que ni lo es ni deja de serlo de Antón y encarnada por Carmen Ruiz y que también borda el papel como sufrida i martirizante compañera del veterinario, con un carácter tan suyo como para soportarlo.
La verdad es que os la recomiendo mucho. Se estrenó no hace ni un mes y ya están disponibles los 9 capítulos con los que cuenta que os aseguro que os arrancarán más de una sonrisa.
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