¿Habéis oído alguna vez este nombre? Os cuento lo que es.
Transnitria es una república dentro de Moldavia. Una región
rusofona, de hecho, hasta sus habitantes tienen pasaporte ruso y así se
sienten. Es el lugar donde se mantiene aún una base militar de tiempos de la
URSS, el mayor arsenal de la Europa del
Este y a la que Zelensky puso sus ojitos ya hace unos meses atrás para
proveerse de todo tipo de juguetes.
Bien, pues más allá de estos detalles, como en el caso de
Donetsk y Lugansk en Ucrania, esta zona de Moldavia tiene el papel del paria no
deseado dentro de esa pequeña república que hace de frontera entre Ucrania y
Rumanía.
Esta situación se ha agravado en los últimos tiempos, desde
del momento en que Maia Sandu, la presidenta de Moldavia, educada en Estados
Unidos y con pasaporte rumano (casualidades y curiosidades) y con una clara
vocación europeísta y otanista, se vio puesta en el poder y desde ese momento
la calidad de vida de esta zona de Transnitria ha ido empeorando a la misma
velocidad.
Tanto es así, que en las elecciones en que fue investida como presidenta, se prohibió que votaran los moldavos que residían en Rusia, se facilitaron pocas o ninguna papeleta electoral en los centros de votación de esa región y hasta hubo sospechas, más que fundadas, que se había producido un fraude electoral por el escaso margen de votos, todos por correo, que sacó de ventaja.
Pues bien, hoy hay elecciones de nuevo. Hoy se prevén nuevos
mamoneos e irregularidades para que vuelva a salir elegida, pero por si acaso
la cosa se tuerce, tanto Europa como la OTAN, ya tienen preparado un
contingente militar para entrar a pacificar lo que todavía no se ha alterado y
para garantizar una paz que todavía no se ha quebrantado. ¿Y qué dicen los
medios a todo esto? Nada. He estado saltando de un canal a otro, cosa que me
activa todas las alergías y ni rastro ni de Transnitria, ni del proceso electoral,
ni de nada parecido. Cada uno que saque sus conclusiones.
Pero hay otro tema que me ha hecho sangrar hasta la úlcera
que no tengo.
Esta semana hubo una gran conferencia en Naciones Unidas, ya
os hablé de ello en el anterior post. Pero como pasa siempre, con posterioridad
y gota a gota, van apareciendo los detalles de esa cumbre.
Y la verdad, pese a que sigo considerándome español,
defensor de esta lengua y de la mía, la materna, el catalán, de los valores y
la hermandad con cada país de Suramérica y todas esas cosas, es que me van
dando patadas en la espinilla a diario.
Creo que os hablé de un personaje, quien hoy es el
presidente impuesto de Siria, un tal Ahmed al-Charaa, alguien que hasta hace
tres meses tenía letreros por todo el mundo ofreciendo 50 millones de dólares
por su cabeza, vivo o muerto. Alguien que se hizo famoso por jugar a futbol con
las cabezas de cristianos a los que acababa de decapitar y que hoy es considerado,
por toda la tropa de subnormales que dirigen Europa, como un demócrata
ejemplar.
Pues adivinad ¿quién corrió a hacerse una foto con él?, es
más, hasta tuvieron una charla de algo más de una hora a puerta cerradas. Sí,
como no, el preparadísimo, Felipe VI.
Mientras Pedro Sánchez se escondía y evitaba la foto, no
vaya a ser que un día de estos me la tiren en cara, el imbécil de turno, que
supongo que a causa de la endogamia que ha caracterizado a su familia durante
siglos, le causa estas malas jugadas, se para a hacerse la foto con el dándole
la mano. ¿Perdona? ¿Al terrorista este? ¿El mismo que deja a las diplomáticas
occidentales con la mano estirada por el hecho de ser mujeres y no querer
tocarlas? ¿Al mata-cristianos que había sido parte de Al-Qaeda, y disculpad por
el pretérito, y que tiene mucha parte de culpa en los atentados del 11M en
Madrid?
Pues sí, a ese le damos la mano, con ese es con quien nos
hacemos fotos y a quien le doramos la píldora. Cada uno que piense lo que
quiera, pero por lo que a mi respecta, no me quedan dudas de a qué intereses
sirve esta panda cuando son capaces, ya no de quebrantar su dignidad, ni tan
solo acordarse de que la tuvieron. Ahora que siga saliendo la gente a agitar
banderitas cuando pase el séquito por vuestra calles, y así nos irá.
No soy nada “fan” de Winston Churchill, creo que fue un
británico de pies a cabeza, o sea, capaz de vender a su madre por dos céntimos,
pero alguna frase buena nos dejó, más allá de todas las que se le atribuyen que
no pronunció nunca, y es que “Cada país tiene los gobernantes que se merecen”,
sin más.

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