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sábado, 16 de mayo de 2026

#65. ME RETIRO


Hace unos días vi un vídeo que, por lo visto, se había hecho viral.
No tanto por quién aparecía —que ya tiene suficiente popularidad para viralizar cualquier cosa— sino por su contenido.

Hablo de Will Smith.

No es alguien a quien haya seguido especialmente, aunque reconozco que, más allá de sus inicios, ha demostrado ser un actor sólido en distintos registros.

En ese vídeo aparecía con un tono serio.
No enfadado, no alterado… sino con la calma con la que se dicen las cosas cuando uno ya ha llegado a una conclusión.

Caminando por la calle, con ese encuadre inestable de quien se graba con el móvil, soltó una frase sencilla:

“Jada, me retiro.”

Y no hablaba a su mujer de irse.
Hablaba de dejar de hacer algo.

Dejar de intentar hacer feliz a otra persona.
Dejar de asumir una responsabilidad que no le corresponde.




Porque todos, en algún momento, hemos estado ahí.

En esa conversación absurda donde acabas pidiendo perdón por algo que ni entiendes.

En ese intento constante de ajustar lo que dices, lo que haces, cómo reaccionas…
como si de ti dependiera que el otro esté bien.

Ese momento en el que empiezas a medir palabras, a evitar temas, a anticiparte…
no por cuidado, sino por desgaste.

Y aquí está el error.

No en querer cuidar al otro, sino en asumir que eres responsable de su equilibrio.
Porque en el momento en que aceptas eso, has perdido.

No hay forma de ganar una partida en la que las reglas las marca el estado de ánimo de otro.

Y además hay una trampa.

Porque al principio parece amor.
Parece implicación.
Parece compromiso.

Hasta que te das cuenta de que no estás acompañando… estás sosteniendo.

Y eso no es lo mismo.

El coste, además, es silencioso.

No es una gran discusión.
No es un momento concreto.

Es el desgaste de ir desapareciendo poco a poco.
De dejar de decir cosas.
De dejar pasar otras.
De ir ocupando cada vez menos espacio.

Hasta que un día te escuchas… y no te reconoces.

Por eso esa frase no es una huida.

No es rendirse.

Es todo lo contrario.

Es el momento en que alguien entiende que seguir así no es sostener nada…
es perderse.

No entraré a valorar si el contenido del vídeo es exacto a la realidad de esa pareja o si responde únicamente a su punto de vista.

Pero lo que plantea va más allá de su caso.

Durante años se ha instalado una dinámica peligrosa:
esperar que quien tienes al lado te haga feliz.

Y cuando eso no ocurre, señalarle.

Pero la realidad es mucho más simple, y bastante más incómoda:

nadie puede hacerse cargo de tu equilibrio emocional.

Siempre he pensado que una pareja funciona cuando se unen dos personas que ya funcionan por sí mismas.

No cuando uno espera que el otro le complete.

Cuando cada uno es capaz de sostenerse, de estar en su sitio, de no necesitar que nadie le rescate…, es cuando la relación deja de ser una carga y pasa a ser una suma.

Y desde ahí sí se puede construir algo.

No desde la exigencia.
No desde el reproche.
No desde la idea de que alguien tiene que hacerte sentir algo que depende únicamente de ti.

Así que, más allá del personaje o de la historia concreta, celebro el gesto.

No por lo que implica en su relación —que es cosa suya— sino por decir basta.

Basta de cargar a otros con lo que es propio.
Basta de convertir al que tienes al lado en responsable de tu bienestar.
Basta de esa exigencia constante disfrazada de derecho.

Así que Will, esta vez sí.

Te aplaudo.

Porque ponerle palabras a eso —y hacerlo en público— no es tan habitual como parece.