Vistas de página en total

SUSCRIBETE A LOS AUDIOCAFES EN YOUTUBE

☕ Suscríbete a nuestros Audiocafés

¿Hoy no te da tiempo a leer? Aquí tienes todos los textos narrados. No te pierdas ninguna publicación. Un solo clic y ya formas parte de nuestra comunidad en YouTube. Y ES GRATIS!!!

🔔 Suscribirme en YouTube

miércoles, 31 de diciembre de 2025

YA ES NAVIDAD ¿QUÉ PUEDE SALIR MAL? 2a parte

 



SEGUNDA PARTE

 

Tras la tercera ronda del brebaje que les habían servido a los cuatro, y justo antes empezar a abrazarse y empezar a canturrear, uno de ellos, el más veterano cayó en la cuenta que los pocos fondos que les habían quedado, habían servido para recomprar a los tres camellos.

AsÍ que tendrían que pactar con quien regentaba aquel negocio para pagarle las consumiciones.

Finalmente llegaron al acuerdo que fregarían los platos durante una semana dos de ellos y los otros dos harían de pinches de cocina o asistirían al negocio en lo que fuera necesario.

La semana fue frenética, hay que tener en cuenta que la gran mayoría de la población de Belén se había quedado sin casa, así que todos iban a comer o a hospedarse allí. Casi el único local que quedaba en pie.

El último día estaba por vencer y pronto quedarían libres del trato que habían hecho con el posadero, así que se dispusieron a emprender sus labores cuando se abrió la puerta apresuradamente.

Era José, el del neonato, que polvoriento y con su túnica hecha girones, se dirigió a Klaus y jadeando, supongo que después de una buena carrera, nos contó que una patrulla romana venía detrás suyo con intención de apresarlos por una norma que habían dictado sobre no sé qué majadería con los primogénitos.

El posadero, que estaba siguiendo la conversación, les interrumpió

-          Ah si, algo he oído de eso, básicamente se los cargan, así para resumir.-

Klaus miró hacia fuera, y vio a María, sosteniendo al pequeño en brazos, así que tardaron nada y menos en ofrecerles refugio, en una de las habitaciones de aquella especie de pensión.

Y aprovechando que ya había oscurecido, no se les ocurrió otra cosa que proponer a toda la clientela para que aquello pareciera una fiesta, lo suficientemente gorda como para que a nadie le pasara por la cabeza que pudiera haber allí un recién nacido.

Y así lo hicieron, retiraron mesas y sillas y las colocaron a modo de barricada, una sobre otra frente al pie de las escaleras que conducían a las habitaciones, dejando toda la superficie del local libre para el baile y la juerga.

No se sabe de dónde, apareció una banda de swing que acabó de arrancar a los asistentes, en un rincón un par de gogos con pocas ropas, aunque psicodélicas, y en el rincón opuesto, sobre la mesa de billar, a alguien que me recordó a Salma Hayek con pitón al cuello incluida.

Se abrió la puerta y la patrulla romana hizo acto de presencia.

-          Omnis tacitus!! (callaros todos, para quien hizo ciencias)

La orquesta se detuvo, y todos dejaron de bailar, quedando inmóviles allí donde les había pillado el grito latino.

Aunque solo durante unos segundos, tras los que optaron por hacer caso omiso a la patrulla y seguir con sus músicas y sus bailes.

Los romanos, al ver la escena, llegaron a la conclusión deseada.

Ese no era el lugar para tener a un recién nacido y vista esa obviedad, el que parecía estar al mando, se quitó el casco, lo dejó sobre la barra, y se dirigió a su patrulla:

-          Cachondeum máximum!!

Con lo que tardaron poco los nueve o diez que la formaban en perder hasta el cepillo de los cascos.

La verdad es que como decía un pequeño galo que conocí hace tiempo “están locos estos romanos”, pero la verdad es que eran de lo más divertido, se integraron de maravilla y acabaron siendo el alma de la fiesta.

Todo iba bien, hasta que llegado un punto de la fiesta en que las vejigas empiezan a temblar por el exceso de bebida. Uno de los romanos se había encaramado a la barricada de sillas y mesas que impedía el acceso a las habitaciones, mostrando sus vergüenzas al trepar y casi perdiendo el casco en su afán de alpinista.

Mientras tanto, el jefe de la patrulla permanecía estirado en la barra, olvidando que según donde estuvieras podías arrepentirte que esa gente vistiera con falditas y poco más- Y aquella que me recordó a Salma Hayek, le iba soltando granos de uva uno a uno al ritmo que el romano abría la boca.

Klaus que vio de reojo al romano que buscaba el baño donde no debía, fue corriendo hacia él, y agarrando un taco de billar, dibujó un arco en el aire con él, propinándole un tremendo golpe, digno de cualquier jugador de beisbol.

El romano cayó al acto, y aquel casco resonó dentro y fuera del local, a lo que los que allí estaban, no se les ocurrió otra cosa que gritar al unísono:

Unoooooooooooooo!!!

Ante tanto griterío, entró la pareja de la benemérita, que intentaba montar otro control de alcoholemia frente al local. Y de todos es sabido que romanos y los guardia civiles nunca se han llevado bien, por aquello de las competencias de cada uno.

Así que se acabaron liando a mamporrazos, resonando uno y otro casco, y los espectadores aplaudiendo y gritando:

 

Doooooooooooos

Treeeeeeeeeeeeees

 

La verdad es que la escena era dantesca, uno de los propios soldados romanos con cara de espanto tras dirigirse a su superior y sin querer acabar viendo las interioridades de la falda de su jefe, que aún estaba estirado en la barra.

La guardia civil dando mamporrazos y los demás cantando cada “gong” de los cascos como si estuvieran en un bingo.

Y así amigos, es como se creó la antiquísima tradición de las uvas y las campanadas, que cada año nos anuncia la venida de uno nuevo.

Por cierto, y Jesús?

Jesús dormía plácidamente sabiendo que debía dejarnos libre albedrío y ya si eso, mañana ya nos perdonaría….

 

Feliz año nuevo a todos.